Fijación de apósitos
En el cuidado de las heridas de curación primaria o de las pequeñas heridas de curación secundaria, la mayoría de las veces suele ser suficiente la utilización de esparadrapos para fijar los apósitos.
En las heridas de grandes dimensiones se deben colocar fijaciones que abarquen toda la superficie de la herida, como por ejemplo esparadrapos non-woven adhesivos y/o vendajes de fijación, para de este modo minimizar el deslizamiento del apósito sobre la superficie de la herida. Las compresas que no se encuentren perfectamente fijadas pueden producir irritaciones con su deslizamiento, provocar perturbaciones y retrasos en la curación de la herida.
En algunas heridas se hace indispensable prevenir la formación de edemas en sus bordes realizando una presión suave y plana sobre el área que abarca la herida. La presión plana se consigue mediante la suave presión que ejerce la envoltura de las vendas de fijación elásticas o de las vendas cohesivas. Sin embargo debe controlarse concienzudamente que no se produzcan compresiones. También se dispone de vendas elásticas de contención para el cuidado postoperatorio en las intervenciones quirúrgicas torácicas y abdominales.
Un vendaje de fijación sirve además para ayudar de forma complementaria a los apósitos a proteger la herida de filtraciones de suciedad y gérmenes, y para servirle de acolchado protector contra posibles presiones o golpes. El vendaje de fijación tiene también un efecto psicológico. Al ser el «final visible» del tratamiento de la herida, los vendajes de fijación pueden ser apreciados por los pacientes como una obra realizada por un profesional y les transmite la sensación de estar bien atendidos y cuidados.


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